Hechandote de menos

 
 

Hechandote de menos
 
Hoy he despertado echándote de menos intensamente. Y no solo de corazón. Mi cuerpo anhelaba las carícias negadas temporalmente y los recuerdos de nuestras noches de pasión se empeñaban en volver.
Casi sin darme cuenta mis manos han adquirido vida propia, recorriendo y reconociendo aquellos lugares en los que tú ya habías dejado huella. Y todos mis zonas erógenas se han activado en esté símil de relación sexual.
Me he tocado lentamente, tomándome un tiempo que a veces, en nuestro deseo febril no nos concedemos. He ido recorriendo mis pechos, grandes, turgentes, de pezones erectos por el placer y el deseo y los he humedecido intentando imitar tu lengua. Cerrando los ojos, casi he podido imaginar que estaban allí diciéndome lo mucho que te gustan mis pechos y lo mucho que te gusta acariciarlos.
Pero pronto eso no ha sido suficiente. Lentamente he ido bajando las manos por mi vientre hasta alcanzar ese lugar íntimo de mi ser donde solo tú tienes derecho a entrar. Lo encontré caliente, acogedor y dispuesto.
Con un dedo empapado en saliva he empezado a acariciarme el clítoris, suave, poco a poco, ejerciendo la presión justa para que no resulte demasiado doloroso. Esta es una de las cosas que más me gusta cuando hacemos el amor. Intento imitar tus movimientos en círculos húmedos que provocan estremecimientos de placer por todo mi cuerpo. Sigo avanzando en las carícias e introduzco uno de mis dedos en la vagina imitando los movimientos ritmicos que tú harías si estuvieses dentro de mí.
El placer poco a poco se va haciendo más intenso y acelero el ritmo de mis dedos. Mientras una mano sigue imitando los movimientos sexuales, la otra se pasea frenéticamente por mi cuerpo y ayuda a que el deseo sea aún más intenso.
Siento que el orgasmo se acerca, todo mi cuerpo se tensa y cuando se produce los dedos quedan quietos incapaces de añadir más placer. Siento las contracciones de los músculos apretarme los dedos mientras estos se impregnan aún más de flujo.
Al poco, el placer se va desvaneciendo y es entonces cuando mi cuerpo sabe que lo he engañado. Él sabe que si tú estuvieses aquí, es en este momento cuando me tomas entre tus brazos y yo me acurruco entre ellos y el acto que hemos compartido, no es solo el alivio de dos cuerpos excitados, sino otra manera más que tienes los amentes de expresar su amor.
Pero hoy no hay abrazos. Tan solo soledad. Y pasados esos momentos en los que he intentado recuperarte por medio del sexo, no tengo más remedio que levantarme de la cama y empezar un nuevo día sin tí. A lo largo del día, miles de recuerdos de cariz menos sexual, me acompañarán. Y por la noche, al acostarme de nuevo en mi cama vacía, el único pensamiento alegre que se me ocurre es que ya ha pasado un día más. Que el momento de estar juntos se acerca inexorablemente y que pronto estaré de nuevo entre tus brazos.
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