Llevar trabajos en casa

 

Estaba en el sillón tumbada, viendo una película muy romántica. Él estaba absorto en sus temas laborales, navegando en sus documentos y demás. Siempre se traía trabajo a casa. Entonces ella sintió el deseo de sentirlo y sin más preámbulos fue en busca de Carlos, que estaba en la habitación del fondo, sentado en su silla, frente al ordenador, tecleando sin parar, absorto en su trabajo, deseando terminarlo para descansar un poco.

Canela se acercó sin decir nada y rozó su mejilla suavemente. Él apenas se emocionó por aquel gesto de cariño al que estaba acostumbrado. Pero ella quería algo y sabedora de las alarmas que debía encender, se dirigió a su pantalón, bajó su cremallera y comenzó a manipular el pene, que estaba flácido, reposado y sin ganas de fiesta.

Carlos quiso resistirse y decir: “nena ahora no”…pero antes de que pudiera pronunciarlo la boca de Canela había introducido la lengua en su boca, y comenzó a chuparlo dócilmente, manteniendo una mirada directa con él, no pudo resistirse, se olvidó del teclado de las cosas que estaba haciendo. Sus manos  abandonaron a ambos lados de la silla, se quitó las gafas y su cuello se reclinó hacía atrás, en un sensación de liberación total.

En apenas cinco minutos aquel aparato relajado se había convertido en una herramienta dura, flexible y preparada para un encuentro sexual. Pero Canela estaba todavía en la excitación primera de las ganas y sentándose sobre la mesa, con la espalda proyectada sobre el monitor, abrió sus piernas, sacó sus asunto y invitó a Carlos a iniciar una excitación de sus aparatos genitales al estilo que más le gustaba; con la boca.

El comprendió aquella pose al instante y devolviéndole una sonrisa cómplice, abrió su boca lamiendo aquella zona que era tan suave, roja y sabrosa. Se había acostumbrado a aquel sabor a sexo y le gustaba. Era como saborear algo salado, salido del mar y el líquido vaginal de lubricación le encantaba.

Transcurridos unos minutos Canela estaba tan excitada que le pidió tregua. Resbaló directa de la mesa a su pene que el había seguido excitando para mantener la erección. Entró a la primera y en movimientos con cadencia, como una canción lenta que nos gusta y no queremos que acabe, se enzarzaron. El metía sus pezones, los mordisqueaba en su boca.

Ella se abrazaba a su espada y chupaba su cuello, mientras acariciaba su espalda con pasión. El orgasmo llegó pletórico para ambos, lento pero muy satisfactorio para los dos.

Después ella se levantó, limpió con una toallita para bebés la lubricación de ambos que se extendía sobre los órganos sexuales de Carlos, se puso su maera adentro, se arregló la ropa y fue a hacer la cena, dejando un beso en la boca.

El continuó su trabajo, satisfecho y pensando lo mucho que necesitaba a esa mujer que tanto le daba sin palabras, sin condiciones y sin intercambios. Era la amante perfecta que siempre había soñado y a pesar de sus muchas obligaciones, de su aparente frialdad, nada había más importante que sentirla cerca, su aliento, su pelo, su pasión desenfrenada que tango le enloquecía…

 
Y colorin colorado este relado se a acabo…. que tenga una bonita cena….
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