Hombre de campo

Hombre de campo

Fue invitada por un amigo, ganadero me llevo a un estancia del chaco, ya que tendría que visitar un cliente en la compra de ganado.

Llegamos a la estancia chaqueña cerca de las 8 de la noche, ya nos esperaba el dueño, Sadam un hombre de unos 40 años, muy gentil, y sus capataces, su piel curtido por el sol, de aspecto muy varonil, rudo, aspero, de músculos marcados, pero también educado y gentil. Nos mostraron nuestra habitación y luego de un baño fuimos a cenar.

La cena transcurrió entre diálogos entre mi amigo y el dueño de la estancia, y la programación del dia siguiente: faena muy temprana, para ir a ver el rodeo a caballo a unos 10 km. de la casa y por un camino de selva, tal panorama no superaba mis ansias de una buena cama.

Al otro dia, cuando abrí mi ojos, eran las diez de la mañana, ya los peones y mi amigos habían partido con el alba, Elisa, se acercó y me ofreció el desayuno, muy campesino, me habló del lugar, y como al pasar pregunté si quedamos sola las dos. Me respondió que no, que él dueño estaba en el establo, unos 100 metros cerro abajo de la casa, controlando a unas yeguas en celo. "Por el sendero de los Alamos, puede ir usted señora para conocer, ya que los demas hombres han de regresar por la tarde", explicó Elisa.

Después del desayuno, comencé mi recorrido por el casco de la estancia y como quien no quiere la cosa, bajé hasta el establo, ahí encontre a Sadam, solo con jean y botas, el pecho desnudo, sucio y transpírado. Me indicó que estaba asiendo servir unas yeguas con un potrillo nuevo y que tenía que tener cuidado, por el novel animal. Mi ignorancia campestre me llevó hasta el establo con una pollera campana y una blusa fina, y de unas sandalias, que no tardaron en ensuciarse por completo. Sadam me invitó a ver el próximo servicio, si consideraba que el mismo no era una falta de respeto. Le dije que me quedaría, no quería ofender el labor de este hombre.

Luego, él acomodó a la yegua, le ato la cola al costado y trajo el potrillo. Observé bajo su vientre y pude ver una descomunal arma, dura y negra. El potrillo se subió a la yegua e introdujo su mastil de carne, la infeliz, relinchaba, más no podía saber si de placer o dolor.

Noté que mi exitación crecía, un calor me subía por mi cuello, pero no podía salir de ese corral. Abruptamente el potrillo, se salió de la yegua y un imneso chorro de semen, Sadam se aserco a mi, gentilmente, creó que noto algo en mi, tomo mi mano , pregunto… Esta bien?. Su sólo precencia me ponían más caliente, su olor a transpiracion me exitaba aún mas y él lo notó, me agarro de la cintura para bajarme del corral, y yo abrazando fuerte contra mi cuerpo.

Me arrincono contra un poste, mientras me elevaba el vestido. Sin querer queriendo mi manos acariciaba esa piel, esos pecho de hombre rudo…bese sus labios suavemnente, ya sus manos asperas y callosas, me estiraban los pezones. Luego, me arrancó la pollera, me quitó la blusa y el sosten, me levantó como si fuera una bolsa de harina y me depositó en un manto de alfalfa seca, me quise incoporar para irme, pero Sadam bajo sus pantalones tenia casi igual de aquel potro colgaba entre las piernas.

Sus manos me volvieron a recorrer el cuerpo, mi concha ya estaba lubricada,  le tome su miembro y me lo meti en la boca, un gusto preseminales, fueron degustados por mi paladar, cuando lo sentí ya a mil, me acosto de espaldas y me abrió las piernas, su puntal busco mi cueva, y me enterró con firmeza, a lo macho, a lo bestia. Podía sentir su ir y venir, y mis sentidos ya no se podían controlar, un orgasmo pedía permiso a otro en fracciones de segundos, de repente paró, sus dedos masajearon lo mio, inundado de mis propios jugos, levantó más mis caderas y movio esa verga en circulos, su cabeza se fue escurriendo, y fue sólo un empujón y sentí sus bolas chasquear contra mi humanidad. Me culeó como quiso, y me terminó adentro. Agradecida le mamé esa pija, hasta hacerlo llegar una vez más en mi boca.

Luego, me incorporé, me vesti, y comprendí que el relincho de la yegua era de placer, lo besé largamente, y me fui a la casa. En el camino encontre a Elisa, y ponderé la labor, de hombre del campo en esos establos, alcance a ver en la misma una sonrisa complice.

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One Response to Hombre de campo

  1. Isa says:

    Uff, estubo bueno, quisiera yo tener una experiencia asi…A ver cuando me invita a la estancia asi hacemos trio

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